Del libro de Fainholc, B.(2008) Programas, profesores y estudiantes virtuales: una sociologia de la educacion a distancia", Santillana, Bs.As.

“En la sociedad del conocimiento la riqueza está en las ideas” (Cornella, 2000),  es decir, en el escenario de los intangibles, lo que exige a las personas y a los grupos mayor reflexividad (Giddens, 1997)  para actuar con mayor conciencia y responsabilidad. Se trata de una sociedad pautada por aprendizajes autónomos y maduros de revisión permanente, por la construcción situada y compartida del conocimiento; por ende, por el análisis evaluativo y critico de lo informacional. En esta sociedad poseen centralidad las tecnologías invisibles encarnadas en las estrategias de pensamiento (o mindware), sin las cuales todo hardware y software no pueden producir ni operar. Todo ello se potencia con gran relevancia de la telecomunicación por lo cual, conceptualmente, esta sociedad se vincula con el paradigma de la “sociedad red” (Castells, 2002).

Rasgos: entre la democratización y la manipulación tecnológica de significados

La sociedad de la información y la sociedad del conocimiento serán comprendidas entonces al estar inscriptas dentro del paradigma de la complejidad, lo que significa (Morin, 1995)  un tejido de constituyentes heterogéneos inseparablemente asociados para presentar la paradoja de lo uno y de lo múltiple. La unidad es el todo y el todo es la unidad. Dentro de este sistema, la complejidad se alimenta de múltiples entradas (o inputs) y salidas (o outputs), infinitas en cuanto a flujos, no siempre eliminando la incertidumbre, la ambigüedad y la imprecisión.
Además de los rasgos nombrados respecto de la sociedad de la información, aparecen otros como la prosumición (Drucker, 1993)  dada por el protagonismo personal y grupal en la producción de saber a través de las tecnologías en general y las TIC. También, el impulso al desarrollo del automanejo de personas y grupos en proyectos, donde se percibe con más intensidad la demanda y el uso de TIC e Internet, junto con la necesaria socialización y desarrollo de capacidades sociocognitivas y comunicacionales a través de tecnología. Así se potencian proyectos de autonomía que deben ser entendidos como prácticas sociales para construir sentido de la mayor densidad y diversidad, a partir de objetivos propios definidos y compartidos en un grupo, lo que conforma una comunidad-red.
Pensar esta sociedad desde la complejidad no significa pensarla desde la dificultad o cuán complicada se nos presenta para su análisis, sino que se opta por entenderla desde la multidimensionalidad y multiplicidad solidarias de las variables objetivas y subjetivas que la componen. Implica concebir, a su vez, la cibercultura de la sociedad de la información y la sociedad del conocimiento como una práctica comunicativa o forma de vida mediada por la tecnología, que modifica los tipos de comunicación en la transformación del espacio y del tiempo, de lo real a lo virtual de simulación.
Sin embargo, al realizar una descripción socio-fenomenológica del proceso globalizante, más allá de considerar la internacionalización/mundialización de la información y las finanzas vía la virtualización telemática de sus procesos y resultados, es reconocer no sólo las transformaciones dadas por las TIC sino la existencia de desequilibrios y retrasos que se producen de la mano de la fragmentación política y la pérdida de soberanías varias. A la vez, se da cuenta de la globalización como aquel rasgo marcado por expansiones diferentes, además de las territoriales dadas en el pasado, y que implica una extraña experiencia de un “mundo que se agota” (Bauman, 1999)  a diferencia de otras experiencias históricas.
Según Virilio (1995),  la globalización se basa en una distancia temporal que disminuye en la medida en la que aumentan las capacidades de transporte, transmisión y teleacciones. El nuevo espacio global es velocidad, instantaneidad, momentaneidad, desaparición y aparición simultánea de actores, dado por cambios veloces de las comunicaciones humanas y las acciones a distancia, con vulnerabilidad ilimitada de objetos, imposible de predecir. Es un espacio donde se borran las fronteras con rapidez, agilidad y astucia, donde privan las coaliciones inestables o las convivencias temporales que responden a la conveniencia de obtener beneficios porque, de lo contrario, las mismas se desvanecen o se suspenden. Las relaciones sociales no son duraderas y sólidas sino líquidas (Bauman, 2006),  frágiles y quebradizas aunque útiles, porque de lo contrario no se materializarían.
La globalización/mundialización, proceso resultante de la capacidad de ciertas actividades de funcionar a tiempo real y a escala planetaria, se constituye en el contenido de la sociedad red (Castells, 1998),  fluida y abierta, donde conectarse para “surfear”, tipifica la nueva mentalidad o continente. Cuando se “surfea”, se procede más rápido que nadando y sin sumergirse en la profundidad, o sea, se tiene un contacto más superficial con la sustancia donde una persona se mueve. Sartre (1943) se refería a esta sensación como “lo cenagoso”, que se evita para no hundirse en ello. Al respecto resultará ilustrativo considerar algunas deducciones realizadas por los estudiantes sobre los programas electrónicos, como se verá posteriormente.
Algunas metáforas también ayudan a percibir la “socialidad o relaciones a flor de piel” permitidas por las conexiones de las TIC. Si bien éstas son útiles para conectarse (y construir vínculos sociales), también son fácilmente desmantelables (porque son efímeras); entre otros rasgos sociológicos, esto marcará la diferencia entre los “conectados y los desconectados” dentro de un marco social desigual de tiempo “atemporal”.
Es interesante analizar y descifrar el contenido semántico de la palabra globalización en su referencia a lo cultural, a fin de poner de manifiesto sus posibles cargas ideológicas. También analizar, desde la perspectiva de la economía y las TIC actuales, el impacto que produce en las desigualdades económico-sociales-tecnológicas y educativas, debido a las concentraciones de poder y de riqueza dados por la producción, el consumo, la calidad diferencial y la dirección de los flujos globales de información.
García Canclini (1996)  tipifica la globalización como la hibridación no sólo dada por la mezcolanza de elementos heterogéneos, sino sobre todo por la supresión de viejos repertorios y colecciones de rasgos, y por la erosión de viejas identidades y valores. Ello se pronuncia al interior de la mundialización/globalización con la desterritorialización, la desmaterialización y la desespacialización (Castells, 1998)  que acompañan los fenómenos de las migraciones, los desarraigos y las desagregaciones: todos desafíos para la tarea educativa. Algunos relacionan estos procesos con la aparición sociológica de nuevos movimientos sociales que luchan contra la doble desapropiación producida por el hipercapitalismo tardío: la del trabajo y la del propio sentido de la vida. La primera dada en términos económicos y simbólicos ya que se separa el trabajo del operario, nadie puede reconocer su obra. La segunda, porque a más información se produce mayor desinformación o de menor sentido y significado frente a los acontecimientos, lo que manifiesta cierta lógica perversa.
Ningún análisis sociológico deconstructivo y rupturista, es decir, reflexivo, explicativo e interpretativo, resiste considerar la globalización sólo como un negocio económico, financiero y administrativo, soportado por la telemática, si no incluye una filosofía también dirigida a favorecer la inclusión social, la apertura mental y el respeto al interculturalismo en el tiempo y el espacio mundial: otro desafío para la tarea formativa en todas sus modalidades.
La globalización muestra su debilidad para respetar la distinción entre el mundo interno y externo debido al auge de la transnacionalización de los flujos simbólicos, la aparición de nuevos regímenes de soberanía y la redefinición de las obligaciones del Estado-nación, la multiplicación de los conflictos de valores y tradiciones entre civilizaciones y comunidades que desafían la legitimidad de una gobernanza mundial genuina .
La pregunta por la legitimidad de los gobiernos –asociado a lo anterior– es desplazada gradualmente por la preocupación de la gobernabilidad mundial y ello se evidencia en varios dominios. En el dominio de la economía implica una transformación de las relaciones entre los Estados y los mercados, una intensificación y reorganización del comercio multilateral, un énfasis creciente en la competitividad comparativa de las naciones y la multiplicación de "riesgos sistémicos", como la destrucción del medio ambiente o la transmisión por contagio de las crisis, especialmente financieras. Conlleva, en el dominio social, el surgimiento de una sociedad civil transnacional que abarca el creciente reconocimiento de esferas de acción pública de organizaciones privadas y la emergencia de movimientos contestatarios ante amenazas de integridad de su identidad, que se comunican entre sí y buscan contrarrestar los efectos homogeneizantes de la globalización y su impacto sobre las comunidades locales. En el dominio cultural, promueve la aparición de sociedades multiétnicas y multiculturales, la formación de industrias culturales mundiales, la transnacionalización de los flujos simbólicos y la multiplicación de conflictos entre civilizaciones y comunidades en torno a sus valores y tradiciones.
Otro rasgo se halla evidenciado por la virtualización. Fenómeno basado en lo virtual (Queau, 1993), surge articulado a la mundialización de las TIC; es decir, como el soporte básico tecnológico de la sociedad de la información y la sociedad del conocimiento. Esta nomenclatura se aplica a diversos fenómenos y organizaciones sociales, como la empresa virtual, la democracia virtual, el hospital virtual, la universidad virtual, el aula virtual, etc., que adoptan esta modalidad de existencia y operación. Tales fenómenos se dan en el “ciberespacio”, concepto acuñado por Gibson (1995)  para referirse al lugar deslocalizado donde existen objetos y fenómenos virtuales, no físicos sino creados gracias a operaciones lógico-matemáticas digitales realizadas a velocidades enormes por computadoras sofisticadas en conexión a redes como resultado de transacciones informáticas y telemáticas, cada vez más populares, a fin de designar los correlatos de los lugares reales. Ello da por resultado los espacios donde transcurre un alto porcentaje de la interacción social del siglo XXI a través de los cibercafés, los cibermercados, ciberbancos, cibermuseos, etc., que conforman la cibersociedad y la cibercultura.
Se considera epistemológicamente que lo virtual se opone a lo real –aunque en realidad no es así– debido a que lo virtual es lo imaginario al conformar un tipo de realidad diferente, configurada por objetos materiales y tangibles, es decir, compuestos por átomos. Negroponte (1995) , Levy (1998)  y De Kerckhove (1999) , entre otros, estudian la virtualidad y la cibercultura como lo que abarca desde lo real hasta lo virtual pasando por lo posible y lo actual. Cabe recordar aquí también la categoría de “lo potencial” enunciada por Aristóteles.
Lo virtual (Levy, 1998)  no se opone a lo real sino que puede tener una realidad propia siendo más lo opuesto a lo actual. Por ejemplo sería, según el autor, el lenguaje existente pero que sin embargo posee una existencia virtual (o posible) y se actualiza –pasa de lo posible a lo actual– cuando se lo nombra o escribe. Recuérdese que en estos contextos el lenguaje aparece siendo una representación numérica y lógica de la realidad o cualquier convención hoy representada por la forma, la producción y el almacenamiento electrónicos en la memoria de una computadora de distribución telemática.
De este modo, las TIC permiten superar visiones estrechas y localistas de la realidad, aumentar el conocimiento y contacto cultural de distintos grupos sociales del planeta para facilitar la participación en comunidades globales y, por tanto, redimensionar los esfuerzos de programas de educación electrónica.
Ciertamente, este proceso de las redes telemáticas juega un papel clave en el fenómeno de creación de una conciencia y perspectiva mundial, donde es posible experimentar nuevos modos de organización y participación ciudadanas más allá del ámbito de los Estados tradicionales al rescatar otros espacios dados por asociaciones, institutos, organizaciones no gubernamentales, etc. Sin embargo, esto no es ajeno a los intereses comerciales de las empresas multinacionales o de muchos gobiernos en general y/o en particular, de otros centros de poder como universidades e instituciones de investigación de postgrado, con perjuicios como la aparición de cierto uniformismo cultural en cosmovisiones y prácticas en detrimento de la diversidad y la riqueza culturales representadas por el conjunto de propuestas organizacionales existentes.
En definitiva, las redes telemáticas propician nuevas formas de participación social más allá de los límites territoriales locales. La actuación del sujeto, generalmente limitada al ámbito de la comunidad o territorio específico donde vive, se abre ahora, a través de las tecnologías digitales de comunicación, a su intervención en espacios mundializados. También alcanza la acción política, la organización de los denominados movimientos antiglobalización y hasta los fundamentalismos violentos, de ninguna aceptación en comunidades maduras y responsables.
Sin embargo, al reconocer otras facetas del tema que nos ocupa, se apunta también a aquellos segregados que no tienen acceso a los nuevos desarrollos y actividades virtuales de las TIC, porque no poseen electricidad y conexiones, o carecen de la mínima alfabetización tecnológica con las competencias requeridas para moverse en la nueva sociedad y economía basada en la información y el conocimiento. Por ello, se retoma lo que sostiene Castells: “Las nuevas tecnologías ni crean ni destruyen empleo: lo transforman”. Parece lógico que la educación deba contribuir a aceitar estos engranajes formando a las personas con mentes flexibles que comulguen con este ideario y habilidades pertinentes pero de modo reflexivo, más aún si se recibe el influjo y presiones globales en concepción y enlatados de programas y materiales, especialmente de programas de educación a distancia a través del aprendizaje electrónico (e-learning), contribuyente principal de una economía electrónico global.
Se trata de una importante preocupación sociológica dada por la disolución de los vínculos de la llamada “solidaridad orgánica” (Durkheim, 1973),  donde se resaltaba la interacción y la interdependencia social en grupos e instituciones (como la familia, la comunidad y la empresa local) en los estadios industriales primeros de la sociedad y que hoy se reducen a ser “contactos” en la red, posibilitados –con o sin riesgos– por la existencia de las TIC.
Por tanto, se evidencian fisuras, paradojas y contradicciones debido a la fuerte presencia de valores, creencias, usos y nuevos hábitos en la sociedad en cuestión, que no pueden ser albergadas o contenidas a no ser con infructuosos procesos de regulaciones y ajustes. Estos temas se hallan en estudio por una “sociología del orden” que de modo solapado esconde la búsqueda de una “sociedad perfecta” disfrazada por elementos homogeneizadores extraídos del contexto global donde se inscribe la sociedad red nombrada.
Por el contrario, frente a este nuevo paradigma “civilizatorio”, conviene producir y organizar la información sin desoír, por un lado, los datos del pasado ni, por otro, aquellos que hoy se intercambian para llegar al conocimiento, la comprensión y la sabiduría en el futuro. Por tanto, es necesario ayudar y ayudarse para un porvenir de más autocontrol, de rostro y respeto humanos, útiles para reconstruir representaciones mentales y realidades socioculturales objetivas apropiadas a los nuevos tiempos históricos y, a su vez, desmistificar falsas panaceas e ilusiones.
Existen otros rasgos de la sociedad de la información y la sociedad del conocimiento relacionados con la aparición y el uso de las TIC y que atañen a la comunicación directa, indirecta y mediada, interesantes desde el punto de vista sociológico de una educación a distancia, como la que se está edificando:

• Apertura, porque no se exige concentración y residencia geográfica fija sino que los usuarios pueden encontrarse dispersos; también, porque existe multiplicidad de contextos culturales, niveles y necesidades sociales como estilos de aprendizaje que presentan los usuarios de las TIC en los diversos programas.
• Flexibilidad, porque no se ata a rígidos requisi¬tos de espacio, asistencia, tiempo y ritmo sino que existen posibilidades de combinar y armonizar diferentes recursos formativos frente a las demandas familiares, laborales y de aprendizaje/estudio.
• Optimización económica, al ahorrar gastos de desplazamientos; cambio de lugares de trabajo; facilitación de selección y edición de informaciones y actualizaciones de materiales; etcétera.
• Aprendizaje a lo largo de la vida (lifelong learning), porque permite la formación y la capacitación de adultos en servicio, la adquisición de nuevas habilidades y valores, como la actualización continua.
• Personalización, porque favorece la posibilidad de estudiar en la intimidad y sin la presión de un grupo; se propicia el trabajo individual de los usuarios según sus demandas ya que cada uno puede buscar y consultar lo que le interese según experiencias y conocimientos previos.
• Interactividad, porque posibilita la comunicación multidireccional sincrónica y asincrónica, convierte la relación remota en próxima e inmediata; y permite la interacción tele-ubicua porque los participantes pueden estar virtualmente presentes en muchos lugares distantes a la vez.
• Aprendizaje activo, porque el usuario/estudiante es sujeto protagónico y simétrico para el autoaprendizaje, exige en mayor medida la actividad, el esfuerzo personal, el procesamiento y un alto grado de implicación en el trabajo.
• Aprendizaje colaborativo, porque se propicia el trabajo en grupo y el cultivo de actitudes sociales; aprender con otros, de otros y para otros a través del intercambio de ideas y tareas.
• Democratización de la información de diversos multiformatos –multimedia e hipermedia–, porque se dispone con Internet de la mayor biblio-media o centro de documentación cósmico, en comparación con otros centros como los universitarios y de investigación.
• Recuperación inteligente de información, porque propicia que el usuario se transforme de ser mero receptor de información en productor de la misma demostrando su capacidad de buscar, valorar, seleccionar y recuperar datos protagónicamente.
• Democratización multidireccional de la formación, porque teniendo acceso y conectividad se comienzan a superar diversas limitaciones y barreras respecto de la educación.
• Diversidad y dinamismo de la información, porque es presentada de forma atractiva y convocante.
• Inmediatez, porque cualquier información/material puede tener presencia en la red (“colgarse”) y estar disponible desde ese momento al margen de la hora y el lugar.
• Permanencia, porque la información no es fugaz como la de los encuentros presenciales o los de radio o televisión ya que los documentos quedan registrados.
• Interdisciplinariedad, porque todos los ángulos, dimensiones y perspectivas de variadas disciplinas, frente a cualquier cuestión, problema, idea o concepto, pueden ser abordados desde diferentes áreas disciplinares a través de enlaces hipertextuales y buscadores y presentados de manera inmediata.

Riesgos. Las tecnologías digitales también tienen sombras

Las nuevas tecnologías mejoran la eficacia y la calidad de casi todos los servicios con la creación de bases de datos accesibles desde cualquier punto geográfico y en cualquier momento, junto con la gestión informatizada de volúmenes de información, para permitir el incremento notable de la rapidez y la eficacia de acceso a infinitas áreas de la sociedad de la información. No obstante, esta civilización resulta dependiente de la tecnología en niveles progresivamente crecientes, ya que sin máquinas digitales no existe procesamiento de información y, por ende, esta sociedad no funciona. En este sentido, se extiende el miedo a las posibles fallas, robos o déficits de las computadoras provocados bien por virus informáticos, por ataques de ciberterroristas, o por desperfectos de los servidores, de lo cual ya se ha tenido algunas experiencias –el “mítico” efecto 2000 (Y2K)– de posible falla informática, o los repetidos ataques a servidores de Internet con sus grandes compañías multinacionales que alertan sobre ello.
Los análisis desde la perspectiva sociocultural acerca de la tecnología, las TIC y su aplicación a la educación a distancia, en programas en línea, dados en el marco de la mundialización, la deslocalización, la desmaterialización y la lógica de los flujos, demuestran que se produce fragmentación, desarraigo y exclusión, entre otros rasgos, por parte de aquellas personas que no acceden, no interactúan ni aplican las TIC e Internet en su vida cotidiana y laboral por falta de alfabetización en competencias tecnológicas generales y específicas. Ello impacta sobremanera en la configuración de sus identidades: en algunos casos de modo positivo, aprestando funciones superiores del pensamiento humano con poderosos residuos cognitivos como consecuencia de la interacción con la tecnología, que tal vez de otro modo no existirían; y en otros de modo negativo, al no poder compartir con sus coetáneos, por segregaciones diversas, los nuevos hábitos culturales y comunicacionales mediados por tecnología.
Se genera así un vacío moral y una indiferencia cultural dentro del mundo tecno-socio-cultural local, reflejo del mundo internacional que exporta imágenes y mercancías del centro a la periferia, del norte al sur, a millones de usuarios como “clientes consumidores migrantes”. Se produce un disciplinamiento cultural en los mismos estilos de vida y consumo de mercancías a través de objetos simbólicos y materiales. Tal disciplinamiento cultural que significa control social remarca las contradicciones existentes al interior del fenómeno de la globalización y las TIC.
De este modo, la mundialización iguala y homogeneiza perfiles, estándares de vida y gustos a consumir, al mismo tiempo que exacerba las diferencias culturales y étnicas que desembocan en intolerancia y violencia frente a variados temas. Esto es dable observarlo desde los países del norte respecto a los del sur del mundo como también en algunos países limítrofes –por ejemplo, en el sur, desde Bolivia y la Argentina hasta países del este de Europa– por nombrar a algunos excluidos salientes.
Las TIC imponen un modelo cultural uniforme y estandarizado como parte del proceso de globalización apoyado en el control de los medios de comunicación, que conduce a la hegemonía cultural de la civilización occidental sobre el resto de las culturas del planeta. Gran parte de la juventud en diferentes puntos geográficos consume la misma ropa, música, alimentos, juegos, películas, rutinas de comunicación por mensajes de textos, etc.; es decir, tiene las mismas experiencias culturales mediadas con los mismos mediadores tecnológicos. Nos dirigimos hacia el uniformismo cultural en detrimento de las culturas propias y locales, y ello aumenta los enfrentamientos culturales que en muchos casos desembocan en violencia.
Como dice Barbero (2000),  la lógica tecnoeconómica y la presión migratoria descubren contradicciones al interior del discurso universal de la modernidad de Occidente, a lo que ahora se suman los riesgos de las TIC, nombrados antes, violencias y amenazas variadas respecto de la cercanía de un otro u otros diferentes que conduce a ostracismos, práctica del pensamiento único, imposiciones, exclusiones y persecuciones. Ello inaugura otras distancias sociales y culturales, desafíos para la existencia de la convivencia y el respeto de la diferencia, que la educación –convencional y a distancia– no siempre resuelve. ¿Por qué? Porque la problemática no es solo formativa sino, antes, ideológica, sociológica y cultural . Y así llega e impacta a la educación en general y a la educación a distancia en especial .
Asociados a los fenómenos enumerados, no resulta fácil visualizar la existencia del respeto frente a las variadas diversidades existentes sino, por el contrario, la aparición de prejuicios manifestados por segregación que se dan al interior de las interacciones sociales factuales y virtuales. Ello se manifiesta en la relación de oposición dada por el “nosotros y ellos” (Bauman, 1999)  con la consabida “distancia social“ descripta por la corriente de la fenomenología en sociología  (Schutz, 1977)  como opuesta a la de proximidad mental y moral, que aspira a aprehender las “estructuras significativas subjetivas” a través de una intuición que permita efectuar una aprehensión inmediata y respetuosa de los procesos y productos.
La ética y la filosofía política del abordaje socio-fenomenológico referido enmarcan el respeto son obvias al comprometer no sólo la dimensión macrosocial de los vínculos sociales sino las relaciones micro; por ejemplo, al interior de los programas educativos, tema de nuestro interés. A través de los vínculos virtuales y telemáticos, como es el caso de la educación a distancia, se apela (o no) a la capacidad humana de empatía y aceptación (o no) de personas y grupos en la interacción cotidiana.
Por ello, cabe detenerse en el estudio del “nosotros y ellos” que representan no sólo dos grupos separados de personas sino dos actitudes apoyadas en valores sociales diferentes, dados por un lado por la articulación emocional y la empatía, la colaboración y la confianza, y por el otro, por la sospecha, la inseguridad y el miedo, respectivamente (Bauman, 1999),  que en sociología remiten al reconocimiento de la distinción de estar “adentro o fuera de un grupo”, es decir, a la posibilidad de “pertenencia o de exclusión”. Comprender que ”lo que está afuera” es la oposición imaginaria que el grupo necesita para tener identidad, cohesión, seguridad emocional y solidaridad interna, ayudaría necesariamente al entendimiento intercultural, a la convivencia y a diálogos respetuosos, que ahora cabalgan cada vez más en las TIC e Internet. Pero aún se está lejos de ello. Frente al fenómeno de mundialización enunciado con las consecuentes migraciones como una constante de la dinámica de la sociedad global del conocimiento, entender la compleja relación entre los “establecidos y los extranjeros” explicaría muchos conflictos subyacentes a las interrelaciones sociales y a los prejuicios difundidos y no resueltos, incluso por Internet, que atraviesan el globo. Lo mismo se daría en la interacción de personas en los foros virtuales: los más iguales se reúnen respecto de los menos iguales.
No se trata de la existencia o no de programas educativos en línea de alcance equitativo sino antes, de identidades culturalmente negadas o no reconocidas, esto es, caracterizadas por viejas exclusiones sociales, culturales, políticas, lingüísticas, etc., como injusticias acumuladas a lo largo del tiempo a las que se añaden nacionalismos diversos, xenofobias actuales o fundamentalismos religiosos que, como bien se sabe, la educación sola no puede superar y menos solucionar. La educación se comporta como variable interviniente en cualquier análisis macrosocial que se practique, al estilo del que aquí se realiza respecto de la modalidad de la educación mediada a distancia con TIC. Puede ayudar, cooperar y hasta sostener la génesis, la configuración y la consolidación de los cambios socioculturales, productivos y formativos en general que se está convocando, pero difícilmente puede inaugurarlos de modo independiente porque estas desigualdades no se agotan, no comienzan ni terminan, sólo en la esfera de lo educativo.
Los tiempos de fragmentación social y crisis de las identidades se mixturan con las contradicciones que aparecen al interior de la hegemonía de la razón instrumental (o de aplicación de cualquier medio para lograr los fines) que las afectan. La identidad (Barbero, 2000)  no es lo que se le atribuye a alguien por el hecho de estar aglutinado en un grupo sino la expresión de lo que da sentido y valor a la vida de dicho sujeto. La identidad que se expresa depende de y, por tanto, vive del reconocimiento de los otros. La identidad, la subjetividad y la ciudadanía se construyen en el diálogo y el intercambio con los otros dentro de un clima de respeto y paz, ya que es ahí donde las personas y los grupos se sienten reconocidos o aceptados.
El multi e interculturalismo pone cada vez más en evidencia que las múltiples figuras de la diversidad cultural que tensionan a la sociedad actual de la información sólo pueden ser superados por una política de extensión y práctica de los derechos humanos y valores universales hacia todos los sectores de la población: mujeres, jóvenes, migrantes, minorías étnicas y religiosas.
En los análisis sociológicos actuales (Castells, Cornella, Virilio, Bauman, entre otros) se pone de manifiesto, y se alerta a la vez, sobre el fenómeno de la infointoxicación y/o sobreinformación de las estructuras de la sociedad de la información dentro de las nuevas ecuaciones de una "economía informacional" y/o "cultura de la información". Donde parece que cuando a mayor cantidad de información se accede, más desinformacion existe. En consecuencia, frente a la infointoxicación por el acceso indiscriminado y no ético a la información, se define la necesidad de generar nuevas "habilidades informacionales" (literacy skills), para contrarrestar las inexistentes competencias en personas y grupos, para paliar los "analfabetismos funcionales" (tecnológico-informático, idiomático e informacional) como la inexistente capacidad de lectura comprensiva y crítica en soporte electrónico en una pantalla de computadora con conectividad.
Se plantea de este modo un nuevo enfoque para comprender el quehacer formativo de los programas educativos electrónicos que muchos llaman “pedagogía informacional” . Este enfoque replantea el sentido de las "mediaciones humanas y tecnológicas" dadas entre la experiencia humana y la información distribuida en la sociedad actual, para reconocer la información como punto de partida y de llegada de los procesos socioculturales y de enseñanza y aprendizaje.
Otro de los riesgos articulado a los ya mencionados es el resultado de la exclusión informacional. Desde la vida cotidiana, en la sociedad de la información el verdadero rendimiento se demuestra al responder a las exigencias de aprender a reconocer lo que implica la información en todas sus dimensiones: acceso, análisis, evaluación, producción, uso, aplicación, etc. En el nuevo paradigma, la generación, el procesamiento y la transmisión/ distribución de la información se convierten en las principales fuentes de productividad y poder (Cornella, 1999).  En el campo laboral, los "trabajadores del conocimiento" deben poseer y aplicar herramientas intangibles a las que no sólo deben acceder sino con las cuales deben operar y gestionar una interacción mediada y, al mismo tiempo, recrearlas a través de la generación de saber nuevo.
Otro riesgo como consecuencia del uso de las TIC conlleva a la pérdida de la privacidad y al aumento del control sobre las personas y los grupos sociales, impacto esencialmente de corte sociopolítico, ya que se relaciona con la no defensa de los derechos de libertad y elección que realiza cada sujeto a través de sus acciones.
La tecnología, guste o no, hace desaparecer la privacidad, es decir, no permite que existan espacios o acciones íntimas, ocultas al conocimiento de alguien. Un sujeto que paga con una tarjeta de crédito registra numerosas señales de dicha actividad económica (a quién paga, cuánta cantidad de dinero, la fecha y la hora, el lugar). Cada vez que se efectúa una llamada telefónica, sea de telefonía fija o móvil, queda registrada, pudiéndose identificar el número al que se conecta, la hora y la duración de la conversación. Una persona que navega por la Web debe saber que quedan almacenadas las direcciones visitadas y cualquiera, mediante esa información, puede saber mucho de sus gustos, intereses o formas de ocio. Existen así computadoras que disponen de numerosos datos sobre la existencia humana ubicados en distintos servicios de la administración pública en sus diversas jurisdicciones (municipalidades o ayuntamientos, gobiernos locales, nacionales e internacionales). Todos los gobiernos tienen la tentación, casi inevitable, de apoderarse de la capacidad tecnológica para averiguar todos y cada uno de los movimientos de sus ciudadanos. Existen también distintas empresas cuyo objetivo comercial consiste precisamente en rastrear y almacenar datos informáticos sobre cada sujeto, para venderlos después a otras empresas con fines publicitarios. Así está empezando a emerger un terrorismo ciberespacial ante el cual políticos, empresarios y ciudadanos deberían defenderse.
Las TIC con su impacto en la modernización y la globalización generan nuevos tipos de desigualdades y distancias sociales que, además de producir poblaciones de emigrantes, refugiados y desclasados como “personas residuales” (Bauman, 2006),  poseen enormes consecuencias y presionan respecto de las responsabilidades vinculadas a la educación. Existen sobradas evidencias para afirmar que el acceso a las nuevas tecnologías no está al alcance de la totalidad de la población del planeta, incluso ni siquiera de la gran mayoría de la ciudadanía de los países más desarrollados económicamente. Entonces, el acceso a la cultura y a la formación articulada en torno a estas tecnologías sólo será una realidad para aquellos cuyo nivel económico les permita adquirirlas y que posean las habilidades requeridas y adecuadas para comprenderlas y usarlas.
Si se desea que las mediaciones tecnológicas en general de la sociedad de la información, y en especial por las que transitan los programas educativos electrónicos, no sirvan a un disciplinamiento social sino a la transformación, la creación y la promoción de la igualdad, será necesario otorgar predominio a la enseñanza de los diversos códigos simbólicos de los medios y mediadores como uno de los pasos para conducir a una participación democrática y con respeto de las múltiples culturas concebidas como espacios abiertos. Pero ello no basta si no se opta por “principios de procedimientos” (Carr, 1993)  que proponen un carácter ético, expresivo, equitativo y solidario, en su concepción y ejecución, es decir, alternativo a la racionalidad instrumental vigente, no sólo para la tecnología sino para todas las relaciones sociales.
Como es dable percibir, no existen procesos y productos de las tecnologías que garanticen per se la comprensión, el discernimiento y la ética en la aplicación (o transferencia) del conocimiento. La aparición de las TIC y otras nuevas tecnologías no es inocua: muchos riesgos se hallan en lo que se conoce como la “segunda derivada” producida por el impacto de la tecnología en la vida social, al percibir la complementariedad de los factores enunciados y sus consecuencias. La “segunda derivada” de la tecnología, o consecuencias no previstas, entre sus diversos elementos, se ejemplifica con las proyecciones de los motores de combustión que están cambiando el clima del planeta. Por muchos años se supuso que la solución estaría en las energías alternativas, aunque no existen evidencias de su ejecución en gran escala. Otro hallazgo dice que, aunque una superficie del planeta cubierta de millones de molinos de viento tendría un gran efecto positivo sobre la reducción de las emisiones de dióxido de carbono, también podría tener consecuencias no identificables sobre el clima a escala continental. Es decir, todo problema en exceso tiene a escala global efectos negativos −que parecen ser los mayoritarios−, junto a los existentes positivos, aunque de menor cuantía. Otro ejemplo es la toxicidad que se generaría en el planeta a mediano plazo a partir de extender las nano-cosas (o lo muy pequeño) hasta convertirse en algo normal en nuestra experiencia diaria. Por no hablar del spam, “segunda derivada” de la tecnología del correo electrónico que nos llega y contamina a diario, y hace gastar más en telecomunicaciones y quita horas útiles de trabajo sin tener aún un antídoto eficaz.


Paliativos como retos

En la sociedad de la información y la sociedad del conocimiento aparecen y se cruzan factores y fenómenos más complejos que los meramente representados por la aparición y la omnipresencia de las tecnologías digitales. Ellos abarcan variados procesos sociológicos, económicos, políticos, culturales y educativos como son los que se han descripto sucintamente.
El análisis de las relaciones entre la tecnología y sus implicaciones socioculturales, con la configuración y el desarrollo de una conciencia y visión sistémico-holista que entienda la tecnología y el desarrollo científico-tecnológico dentro de un espacio interdisciplinar, se halla representado en las preocupaciones que hoy caracterizan a la emergencia de una perspectiva sociológica de reflexión y acción, referida a la modalidad de la educación a distancia electrónica.
El denominado movimiento Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS) se ha manifestado sensible a ello a fin de superar la dicotomía tradicional entre ciencia y cultura, entre lo individual y lo social, entre lo natural y lo artificial-tecnológico, dicotomías formuladas desde el pensamiento griego y que continuán en la modernidad occidental. En este marco, se propone considerar el papel de las TIC no desde una perspectiva descriptiva de sus características físicas o de avance científico, sino en cuanto a su papel en la construcción de la cultura y de las relaciones sociales con sus efectos socioculturales y educativos, positivos y negativos. Distintos aportes en este sentido constituyen los trabajos ya mencionados de Echevarría (1999),  Wolton (2000),  entre otros.
En la actualidad, la integración, la implantación y la generalización de las TIC en nuestra vida cotidiana se realiza bajo el parámetro de la lógica del mercado, lo que implica que los factores económicos son determinantes en el acceso, el uso y el significado de las mismas. Por esta razón, las distancias culturales como un factor más de desigualdad social ahora relativo a las TIC reclaman de las políticas públicas y educativas un papel fundamental en la evitación o, al menos, en la compensación de estas desigualdades en el acceso y la interacción con la información y el conocimiento. Ello no deja afuera la educación a distancia. Las nuevas tecnologías de la información y comunicación pueden separar más que unir. Estrechan la comunicación entre quienes las utilizan, pero excluyen a quienes no lo hacen.
¿Qué se está sugiriendo? Que en un futuro inmediato aquellos ciudadanos/as que no sepan desenvolverse en la cultura y la tecnología digitales de un modo inteligente −saber conectarse y navegar por redes, buscar la información útil, analizarla y reconstruirla, comunicarla y compartirla para recrearla con otros usuarios−, no podrán acceder a la cultura digital vigente, al mercado laboral ni a la realidad de la sociedad de la información, lo cual conlleva a un estado de vulnerabilidad por la incapacidad de utilización desmistificada de los actuales recursos de comunicación.
Del mismo modo que la Revolución Industrial requirió la alfabetización de los trabajadores manuales para que utilizaran las máquinas en las fábricas, la revolución telemática precisa también un nuevo tipo de alfabetización vinculada con el uso reflexivo de las tecnologías digitales. De ello son conscientes las empresas y las administraciones públicas y privadas, ya que sin formación no hay posibilidades de competitividad ni crecimiento de la riqueza en una sociedad ni de conciencia social. En conclusión, la formación tecnológica para una ciudadanía plena y de los agentes productivos en particular es un elemento estratégico para el desarrollo equitativo y solidario de la sociedad de la información, al generar saber pertinente.
Última modificación: Sunday, 22 de January de 2012, 11:25